martes, 22 de abril de 2014

Sobre una historia y su fatídico final?

Y es que no basta con el simple hecho de mantener las cosas como siempre han estado. El amor se traduce en el acto de aceptar al otro, en tanto que como sujetos humanos estamos expuestos a la vulgaridad del cambio. Hay crisis en la modificación y el fin no es una quimera ya dada por creencias ancestrales, muy por el contrario la evolución es un pato al grillé y la sorpresa es parte de lo inesperado. 

Hemos visto imperios arder bajo banderas de luchas antes válidas. Hay sueños que se hacen llamar ideales, y creencias arraigadas en emotividades de aceptación que se hacen llamar ideales. Hoy te miro a los ojos y ya no veo lo que siempre quise ver, en el cobijo solo encuentro compañía. Ya ha pasado muy poco tiempo desde la última mentira y la verdad llega a parecer lo incontable de nuestra tragedia. 
Me dices si te pienso? Y pienso que me dices lo que realmente piensas que debo escuchar. Las puertas se cierran y lo hacen con brutalidad, pero todo ello ha abierto ventanas a destajo. No me vengas con que no puedes salir y no me vengas con que no puedo entrar... Ya estoy adentro, te desafío a sacarme. 

Quiero poder escribir palabras que impidan lo que la razón define como inevitable, y a su vez quiero que mi mano se quiebre y no pueda llegar a emanar esas palabras tan deseadas. Quiero querer lo que tú quieres, sin embargo no soporto el tedio de mirarte a los ojos y ver la ausencia de comprensión. 

Frente a nosotros hay una bifurcación, pero logro observar que al costado emana un camino alternativo. Creemos que nuestras órdenes son llegar hasta el final, sin embargo la curiosidad esta siendo brújula en mi camino, deseo explorar aquello que se vislumbra, tal vez las órdenes han cambiado, tal vez el espíritu interior da nuevas directrices. Tal vez debo confiar en el altísimo y dejar de querer tomar el control. Tal vez es hora de dejar de escribir...

martes, 21 de enero de 2014

Sobre nosotros...

Los últimos tiempos están definidos por lo que logra penetrar mi visión.
Siento, y puedo evaluar, que hay momentos de cierta certidumbre, en tanto otros que borbotean lagos de inseguridad, pero entre ambos la suma parece ser neutra. O tal vez la valoración del resulta se mantiene inexacta.


Hay pórticos en los cuales jamás se debe haber mirado, pero la naturaleza es grotesca e impulsa al debilucho cuerpo al equívoco acto fundamentado en la inseguridad. La verdad se sitúa más allá de lo que los ojos pueden ver, pero pareciera que el alma no guarda rencores frente a las largas y extenuantes caminatas hacia lo perecedero, pareciera que en algún instinto sádico busca enfrentarse, y de paso enfrentarle, con el deber, con el cómo las cosas han de ser. O quizás todo lo anterior solo responde a mi estúpida necesidad por racionalizar lo irracional, y así desde la fingida razón urgir un camino que a buenas y primeras e desagrada, pero que sin escarbar poco he de admitir que es lo que quiero. Quizás tan solo mi cobardía por dañarme me hace seguir pensando en no querer dañar a otros, y así busco excusas para la inacción. O tal vez es tan solo el acostumbramiento a pros crinar, quizás mi código genético era perfecto, pero mis actos han logrado mutar hasta la medula, y hoy el monstruo que se observa al espejo es tan real como el que invade mis sueños.

Por favor Naturaleza dame muerte, impide que llegue a ser en lo que me estoy transformando.


No hay malestar más allá de mis ojos. El dolor es tan solo ficción, y la función está pronta a acabar. Hemos de recibir tanta felicidad como la que podemos digerir. He desarrollado un colosal estómago, capas de digerir 2000 kilocalorías por segundo, del más rudimentario amor. Puedo soportar temperaturas de alimento recién extraídos del horno, puedo anular sabores a fin de favorecer la velocidad en el tragar. Puedo dejar de lado el placer y transformarme en el perfecto comensal de la cena de la pasión. Pero al fin de cuentas todo el amor digerido sale de mi cuerpo y solo que da ese recuerdo de saciedad, además de la culpa de llevar el cuerpo a límites inimaginable. Diviso el postre y ya no puedo ingerir más nada. El postre ya no me interesa, solo fijo mis ojos en esa hojita de romero que le acompaña, sé que ese sabor a abrazos es lo que siempre busque, en esa hoja se esconde el verdadero fin de mi caminar. Puedo sentir el aroma a romero y vienen a mi emociones que rompen las cadenas con mi pasado, ese aroma sabor es capaz de por fin separarme de la espuria esperanza de un futuro sublime, me llena y solo me deja paz en el presente... pero la veo y aún no ha llegado a mí. La excitación de saber que todo llegara, por fin, a su fin me absorbe. Mi corazón comienza a palpitar de manera estridente, en mí se encuentra una locomotora que quiere emprender rumbo. Mis palpitaciones toman cause indeseado, mi cuerpo reacciona de manera desafortunada, mi polo izquierdo parece funcionar de manera inadecuada. Recuerdo el exceso al cual me he expuesto, pero delante de mi está el real final, mi corazón no soporta la exaltación y en un último esfuerzo logra detenerse... parece que la dignidad de la culpa aterrizo en lo que jamás pude ser. Me han impedido llegar a mi final, me otorgan un nuevo comienzo que no logro distinguir si es oportunidad o castigo.

Mi alma se separa de mi cuerpo y discapacitada intenta coger ello de lo cual fue privada... es inútil, la materia se interpone entre nuestras dimensiones. Un llamado imposible de negar le hace avanzar al más allá...



Finalmente todo vuelve a empezar, ahora con nuevos desafíos, con nuevos aprendizajes.

Alguien, en algún lugar del planeta, consume un té de romero...

sábado, 18 de enero de 2014

Sobre Arcadia



Tú niño de la tierra escúchame… tú que has conocido nuestro ayer… se está apagando el que era nuestro sol…

Sin lugar a dudas hay cambios en la superficie, pero más importante hay constantes cambios en el interior de los sujetos.
He leído textos realmente complejos en sus estructuras, por otro lado he re leído textos realmente complejos en su simpleza. Hay veces en que pienso que dichos textos han tenido el atrevimiento, la osadía de desafiar al tiempo e intentar trascender más allá de la trampa del presente. Otras veces pienso que dichos textos han asumido una actitud de plena humildad y que solo esperan al fervoroso lector que de sentido a las letras que ocultan un camino a reinos antes inimaginables…
Creo que ya estoy realmente cansado de vivir de vivir entre el bien y el mal. Realmente el mundo de los opuestos parece solo apuntar hacia la decisión pre diseñada de elegir un polo. No quiero ser bueno, no quiero ser malo, y mucho menos busco la originalidad. Más solo buscaré la sinceridad del alma. Y es que ya rezaron los antiguos que es un error buscar el alma en el interior del cuerpo, y que no se puede incluir en el interior de algo la cosa que es… o acaso ¿podemos incluir la cuchara al interior de la cuchara? ¿Tendría ello sentido? Sé que la lógica parece espuria y  perecedera, pero en ello solo radica la naturalización de la razón, la razón del cuerpo por sobre la razón del alma. Y es que no existe verdad superior a la que esa fuerza interna nos declina como superior.
La nostalgia me lleva a vivir en el pasado, la esperanza me lleva a vivir en el futuro. Ambos elementos me cautivan en tanto me llevan a creer en su fantasía, y es que no existe nada más allá del presente.
Hemos de revelar que nuestros tres estados son solo la separación entre lo que es inseparable, pero ya los antiguos nos aclaran el sentido de este juego absurdo…

Ya no hay letras, ya no hay verdades, ya no hay sofismos ni poemas vagantes. Ya anda queda